“El torito sin ella no era nada, y ella sin el torito no era nadie”
Para Luz Díaz Santana, conocida como “la señora del torito”, la tradición no era solo una costumbre festiva, sino una extensión de su identidad. Desde su primera participación en 2002, su presencia y el torito que ella misma fabricó se volvieron inseparables en las cabalgatas del municipio de Villa de Álvarez, hasta convertirla en un símbolo de orgullo familiar.
Madre de María de la Cruz García Díaz y abuela de Miriam Noemí Alejándrez García, Luz Díaz representaba para su familia fuerza, compromiso y admiración. Ese carácter fue el que la llevó a iniciar una tradición que hoy forma parte de los festejos charro-taurinos más emblemáticos del estado.
María de la Cruz recuerda que la idea surgió del deseo de su madre por honrar el verdadero sentido de la celebración. “Mi madre siempre decía que las fiestas de la Villa se llamaban charro-taurinas, que debían sacar un toro que representara justamente eso. Nunca lo hicieron. Fue ahí cuando se le ocurrió hacer su torito”.
Al principio, su participación no fue del todo aceptada; sin embargo, su determinación fue más fuerte que cualquier resistencia y logró abrirse camino dentro del recorrido.
Para Miriam, su abuela asumía la tradición como un compromiso inquebrantable. “Para ella ese torito era muy importante. Algunos de sus hijos se la querían llevar de vacaciones en estas fechas, pero ella rechazaba esas ofertas. Decía que tenía su compromiso de salir en todas las cabalgatas y cuidado con que la sacaran. El salir era su vida”.
Más allá del recorrido, Luz Díaz dejó un mensaje constante a las mujeres de su familia. “Siempre mencionaba que no porque fuéramos mujeres debíamos rendirnos, que lucháramos por nuestros sueños, porque todas podemos alcanzar nuestras metas. Si yo pude salir en las cabalgatas, si yo pude cumplir mi sueño, todas pueden”, compartió María.
En 2024 la señora del torito participó en su última cabalgata. Días después de su fallecimiento, Miriam asumió la responsabilidad de continuar el legado. “Sabía que yo iba a continuar, pero nunca esperé que fuera tan rápido. Sí me sorprendió”.
Miriam, quien es enfermera, describe esta responsabilidad como un honor. “Desde niña ella me decía que yo tenía que seguir con la tradición. Ya estaba escrito que yo llevaría el torito”.
Ver a los más pequeños observar el torito con curiosidad y escuchar los aplausos durante el recorrido se ha convertido en su principal motivación para no abandonar lo que su abuela inició. “Las personas me felicitan por seguir con la tradición de mi abuelita. Para ellos ella era una señorona, literalmente. Verla caminar tramos largos era increíble”.
María de la Cruz también comparte ese orgullo. “Que mi hija acepte lo que mi mamá le dejó me alegra el corazón”.
Luz Díaz falleció a los 74 años, dejando un gran legado. Su resiliencia y determinación transformaron una idea en una tradición que hoy permanece viva en las cabalgatas y en la memoria de quienes la vieron caminar junto a su inseparable torito.

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