La crisis de las humanidades
Marco Antonio Vuelvas Solórzano
Facultad de Letras y Comunicación
La matrícula en educación superior en carreras relacionadas con las humanidades está alarmantemente a la baja en todo el mundo. Decir que las humanidades como campo universitario, como profesión, están en crisis, es ya un lugar común, referido sobre todo a las ideas surgidas del magnífico libro publicado en 2010 por la filósofa Martha Nussbaum Sin fines de lucro ¿Por qué la democracia necesita de las humanidades?, en el que refiere al estudio de las humanidades como un factor decisivo en la formación de ciudadanía, el desarrollo del pensamiento crítico y el desarrollo de una reflexión ética de nuestra manera de relacionarnos con el mundo, con nosotros y con los otros.
En efecto, las carreras de las disciplinas humanísticas tradicionales: filosofía, literatura e historia ven cada vez más mermado sus solicitudes de nuevo ingreso, a pesar de tener una cabida tan amplia en los tiempos que vivimos. Las preguntas que antes surgían y se quedaban en el claustro universitario comienzan a trascender los muros de las escuelas, y cada vez más gente se cuestiona sobre el uso ético de la tecnología, la manera en que nos relacionamos con ella y la posible sustitución del trabajo por la automatización, como ha ocurrido y ocurre con el trabajo manual en fábricas o comienza ya en las tiendas departamentales con los auto cobros. Dicho de otro modo, las interrogantes acerca de qué viene en función del desarrollo tecnológico, cómo podemos comprenderlo, utilizarlo y aprovecharlo sin dejar nuestra humanidad en el camino, o entendiéndolo en función de una nueva manera de concebir la condición humana es una pregunta que busca respuestas en expresiones artísticas, literarias, cinematográficas, pero que también se hace el trabajador que ve amenazado su puesto de trabajo actual por la automatización o depende del teléfono para ser funcional en su vida cotidiana.
Lo anterior, por supuesto ha tenido un impacto en la elección de vida de muchos jóvenes para dedicarse profesionalmente a las humanidades. Sólo para tener un panorama general, de acuerdo con los anuarios estadísticos del ciclo escolar 2022-2023 y 2023-2024, recientemente puestos a disposición pública por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en el ciclo 2023-2024 hubo una matrícula total en las carreras de humanidades en todo el país de 64, 008 estudiantes, incluyendo instituciones públicas, privadas, estatales, interculturales y demás ofertas de educación superior inscritas en ANUIES. Un año antes, en el ciclo 2022-2023, la matrícula total fue de 68,691.
El número referido es bajo considerando que la matrícula total de Educación Superior 2022-2023 fue de 5, 192, 618 estudiantes y para el ciclo 2023-2024 de 4, 626, 074 jóvenes. Esta cifra por sí sola revela una crisis de la Universidad en general, y la manera en que los jóvenes ven cada vez menos atractivo el cursar una carrera universitaria, o bien como una oportunidad de movilidad social y mejora en sus condiciones de vida. El asunto es tema para otra discusión, pero es un llamado de atención sobre cómo se percibe la Universidad en el siglo XXI, cuál es su función y cuál su utilidad.
El dato que confirma lo anterior está en el número de lugares ofertados: para 2022-2023 se ofertaron 1, 998, 879 espacios en las IES, de los cuales se ocuparon 1, 436, 015. Para 2023-2024, la oferta de espacios disminuyó a 1, 486, 856, y el descenso en la captación de jóvenes cayó a 1, 141, 964 jóvenes que ingresaron a algún tipo de institución universitaria considerada por ANUIES.
Pero volvamos al área de las humanidades, que como se vio líneas arriba representa apenas el 1.3% de la matrícula total del país en las áreas que considera ANUIES en sus registros: Adquisición de idiomas extranjeros, Filosofía y Ética, Historia y Arqueología, Lingüística, Literatura, Planes multidisciplinares o generales del campo de las humanidades y Teología. La disminución en la matrícula no desestima, a mi parecer, la importancia de las humanidades, de su discusión, su vigencia o su vitalidad. De manera paradójica, creo que las discusiones que se sostienen actualmente en el área son de suma importancia para todos ¿Por qué entonces se ha visto tan mermada esa elección de vida? ¿Es necesario repensar, como plantea precisamente Martha Nussbaum la manera en que concebimos la educación y particularmente una educación en y para las humanidades? A final de cuentas, ¿No es precisamente el tipo de cuestionamientos que se hacen las humanidades y las ciencias, es decir, la curiosidad para buscar saber cómo funciona el mundo lo que nos hace humanos?
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