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Cartas rotas, verdades tardías

Cartas rotas, verdades tardías

Carolina Aguayo llevaba una vida tranquila en Manzanillo. Es la mayor de tres hermanos y esa posición la marcó desde muy pequeña, pues mientras otras niñas jugaban sin preocupaciones, ella aprendió a cuidar, corregir y orientar. Se convirtió pues, en un segundo apoyo para su madre y en una figura protectora para sus hermanos menores.

“Siempre sentí que yo los crié más que mi mamá. Espero haber hecho lo mejor”, señaló Carolina.

Aunque los tres comparten techo y recuerdos, Carolina sabe perfectamente que el padre de ellos no es el suyo. Pero eso nunca hizo diferencia en el cariño que recibía. Él la envolvía con la misma calidez, sin condición o distinción y ella aprendió a reconocer ese afecto como uno genuino.

De su padre biológico sabía poco. “Se largó cuando yo era chiquita. Nos dejó solas a las dos”, recordó. Y es que, según cifras del Inegi, en México hay 4 millones 180 mil hogares con padres ausentes. Durante años, Carolina creyó ser una suma más dentro de esta cifra. Al menos esa era la versión que habitaba en su memoria.

Todo cambió cuando cumplió quince años. Fue entonces cuando comenzaron a llegar cartas a su casa, todas dirigidas a nombre de su madre. Eran sobres que llegaban con cierta insistencia, parecía incluso que se negaban a ser ignorados. Pero Carolina jamás las leyó.

“Sentía curiosidad… pero también miedo”, confesó.

Cierto día, mientras ella y sus hermanos estaban al cuidado de su tía, llegó una más de aquellas cartas. Inspirada por la curiosidad, su tía la abrió y leyó en silencio. Al terminar “… la rompió en miles de cachitos.”

Carolina no supo qué contenía aquel sobre, pero sí recuerda la discusión que vino después. Esa tarde, cuando su madre llegó a casa, ambas mujeres hablaron en voz baja primero, después vinieron los gritos. Algo grave estaba pasando.

Carolina recuerda perfectamente la tarde en que se armó de valor y preguntó al fin a su madre qué estaba pasando. Y por primera vez en su vida, ella la miró, no como a una niña, sino como a alguien que estaba a punto de cruzar el umbral hacia la adultez.

“Carito, te tengo que confesar algo… tu papá está en la cárcel”, le dijo su madre.

Ella escuchó sin comprender del todo. Pues durante años, construyó una versión distinta para llenar aquel vacío, él fue un hombre que se marchó porque así lo quiso y encontró una felicidad lejos de ellas.

Pero la verdad no podía estar más alejada. Su madre le explicó que cuando Carolina era apenas una bebé, su padre fue arrestado por abusar sexualmente de una menor. Intentó huir y ocultar el crimen, pero la víctima sobrevivió y denunció.

Para poner en contexto, la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) señala que cada año, 4.5 millones de menores son abusados sexualmente, lo que significa que cada 5 minutos un promedio de 10.5 niños sufren esta situación.

“Quiero olvidar lo que mi mamá me contó esa noche. Perdón si después de tanto tiempo no soy tan fuerte”, señaló Carolina.

Su madre le entregó una de tantas cartas, revelando al fin el contenido en ellas, su padre la estaba buscando. Quería verla, remendar sus errores y construir una relación con su hija.

Carolina sospechó que la urgencia tenía otra razón. Intuyó que su padre estaba enfermo, que tal vez se trataba de uno de sus últimos deseos. Pero en su interior no encontró espacio para la reconciliación.

“Ese día sentí que toda mi vida era una mentira. Entendí que jamás iría a verlo”, afirmó.

Años después, su madre inició una relación con otro hombre y su hija se mudó con ellos. Sin embargo, la convivencia fue difícil, llena de tensiones e incomodidades. Fue entonces cuando tomó una decisión que terminó de definir su concepto de familia. Y decidió “volver con alguien que jamás me cerró las puertas de su corazón”.

Regresó al hogar donde vivían sus medios hermanos y el hombre que, sin ser su padre biológico, la había criado con paciencia y afecto. Él la recibió como siempre lo había hecho.

“Para mí, él es mi papá. No necesito nada más”, concluyó Carolina.

Y así, entre cartas rotas y verdades tardías, Carolina prefirió quedarse con quien la eligió primero.

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