Mujeres del Valle: cinco generaciones cocinando con leña
A una hora de Guadalajara, un grupo de mujeres liderado por Rosaura Frías mantiene viva la herencia culinaria de cinco generaciones.
Entre los campos cañeros de la región se encuentra Teuchiteco, una comunidad del municipio de Ahualulco de Mercado, donde las tradiciones aún permanecen. Ahí se cocina como antes: con leña, metate, ollas de barro y paciencia.
Rosaura aprendió a cocinar de su madre, quien a su vez fue instruida por su abuela, conocida como “Mamá Cuca”.


“Tenemos un cuaderno donde están las recetas, pero más que nada lo que hacemos es enseñar con las manos; así fue como aprendimos todas”, comparte.
Siendo la mayor de diez hermanos, Rosaura asumió un papel fundamental en su crianza, lo que la llevó a aprender a cocinar desde muy pequeña.
“Yo empecé a los seis años. Una vez metí el dedo en la cazuela de manteca para ver si estaba caliente… me quemé, pero no me importó. Yo quería hacer el desayuno sola; desde entonces no he dejado de cocinar”.
Sin embargo, los inicios no fueron sencillos.
“Desde siempre me dejaron encargada de la casa. Tenía que tomar el papel de una segunda mamá para mis hermanos. Recuerdo que una vez mi novio me invitó al cine y mi mamá no me dio permiso hasta que terminara de tortear 10 kilos de masa”.
Con el tiempo, lo que comenzó como una responsabilidad se transformó en identidad.
“Ahora lo entiendo distinto. Antes sentía que era una carga, pero gracias a eso aprendí algo que hoy es nuestro orgullo”, dice.
Hoy, junto a otras mujeres de su familia, Rosaura mantiene viva una cocina que no ha cedido ante la modernidad.


Las Mujeres del Valle no cuentan con un restaurante formal. Su cocina es una experiencia íntima que se ofrece únicamente mediante reservación. No hay un mínimo de personas y el cupo máximo es de 30 comensales. El costo promedio es de 250 pesos por persona, con menús que pueden incluir mole dulce, conejo en chile, chicharrón en salsa verde, albóndigas prehispánicas o frijoles de metate.
“Cada grupo escoge lo que quiere y nosotras lo cocinamos al momento, con amor y con humo”, explica.
Para Rosaura, el significado va más allá de la comida.
“Es mantener viva a mi mamá, a mi abuela, a todas las mujeres que estuvieron antes que nosotras. Cada platillo tiene historia”.
En Teuchiteco, la cocina no solo alimenta: también narra. Entre el humo de la leña y el sonido del metate, Rosaura asegura que su mayor satisfacción es ver a las nuevas generaciones interesarse por aprender.
“Si ellas siguen, esto no se pierde”.
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