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“Bolear me da vida, representa todo lo que soy”: Miguel García Cruz

“Bolear me da vida, representa todo lo que soy”: Miguel García Cruz

Miguel García Cruz es un bolero de 54 años que trabaja en el Jardín Núñez, cuando era un pequeño adolescente empezó con este oficio que ahora se ha convertido en su única fuente de ingresos. Desde hace poco más de 40 años, con esfuerzo y orgullo, saca adelante cada día para preservar una profesión muy característica de Colima.

Aún recuerda cuando su padre le mostró a limpiar, pulir y teñir un zapato. Su situación económica era precaria, lo único que tenía eran aquellas enseñanzas que le dejaron, por lo que tenía que salir de casa, juntar las herramientas para bolear y prepararse para intensas jornadas bajo el sol.

“Lo más bonito que recuerdo de mi infancia fueron las enseñanzas de mi apá, gracias a él conocí este bello trabajo del que nunca me cansaré”.

Sus herramientas son una extensión más de su cuerpo, las necesita para vivir y sin ellas no tiene identidad. Las fabricó poco antes de empezar a ser bolero de tiempo completo, por lo que representan muchas historias que ha vivido con los clientes. Cada vez que pagan por su servicio aprende de las vivencias de quienes van a darse una vuelta con él.

“Me gusta platicar con las personas que necesitan una boleadita, he conocido a muchas personas en el medio, desde influyentes hasta de bajos recursos, de todo tipo de gente viene un ratito”

El negocio familiar se ha extendido por todo el centro, sus hermanos que también bolean montan sus puestos por los parques cercanos. Lo que en un momento fue una vía segura para llevar dinero a casa se convirtió en una tradición de la que su familia está orgullosa y contenta. Aunque Miguel tiene hijos, ellos no continuaran con el legado que les dejaron y, quizá, presenciaremos el olvido de una de las ocupaciones más significativas en el estado.

“Todos somos muy trabajadores, siempre sacábamos adelante a la familia. Es una pena que exista la posibilidad de olvidar lo que por tanto tiempo me daba de comer”

Aunque ya casi no tiene nuevos clientes, todavía le trabaja a quienes están contentos de sus resultados, tal vez en unos años desaparezca este oficio, pero mientras Miguel continue haciendo lo que más le gusta en la vida no faltara de alguien que boleé zapatos en Colima.

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